Recientemente, cierta invasión de IA (inteligencia artificial) ha reavivado un viejo debate sobre la supervivencia del arte. A lo largo de la historia, el arte ha estado condenado a muerte en muchas circunstancias, pero uno de los hechos más importantes se produjo con el surgimiento de la fotografía. En ese momento, estaba claro que el colapso de la fotografía acabaría con la pintura y el realismo artístico. Sin embargo, la irrupción de la IA (inteligencia artificial) para producir contenidos artísticos ha vuelto a poner en el punto de mira la sostenibilidad del arte. Si hoy nos hacemos la pregunta de si el arte morirá, llegamos a la respuesta no, el arte nunca muere. Hoy, esta inteligencia artificial es un componente disruptivo de la profesión artística, pero el arte en sí mismo no se pierde porque los artistas, los procesos, los entornos y las obras son insustituibles. Además, a medida que envejecemos, la saturación de obras digitales producidas por IA (inteligencia artificial) puede aumentar aún más la apreciación de las obras "tradicionales". No hay ilustrador que no pueda mantenerse al día con la “reducción extrema de costos para la ilustración de IA (inteligencia artificial)”, en cortes y horas.
Ejemplos creados por una IA:


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